Cuando Rosalía no era Rosalía y nos lo explicó Violeta Parra

Este artículo se publicó originalmente en Nueva Tribuna el 9 de mayo de 2019. Tras algunos matices añadidos por lectores que estuvieron en ese concierto se publicó una segunda versión en La Tundra (UK), Íkaro (Costa Rica), Yaconic (México) y Puro Chile Musical el 11 de mayo de 2019.

Las aguas volverán a sitio. Al final siempre vuelven. Entonces el tiempo nos dirá si lo de Rosalía fue para tanto, que lo será. Por el momento lo que sí sabemos es que hacía tiempo que no vivíamos un terremoto musical de esta dimensión. ‘El mal querer’ nos ha dejado a unos de pie, a otros sentados y a todos fuera de sitio. Los críticos que se rompieron la camisa porque Rosalía no es La Niña de Los Peines, ahora no saben si mostrar su fervor a pecho descubierto o esconderse en la cueva de las esencias.

Si miramos apenas un par de años atrás, La Mar de Músicas nos preparó un programa doble inaudito para una tarde de julio. Ese día en El Batel de Cartagena presentaba un cartel encabezado por el cantautor chileno Manuel García y por Tita Parra con un programa bajo el título de “Homenaje a Violeta Parra en el centenario de su nacimiento”. Eran las siete de la tarde, y no recuerdo si fue antes Rosalía o llegó antes Manuel García, en mi memoria sólo recuerdo a Rosalía junto con Raül Refree presentando en La Mar de Músicas su disco ‘Los Ángeles’. No tiene suerte Manuel García por estas tierras. Las crónicas chilenas nos hablaban de que su “calidez musical sobresale en vivo, siendo capaz de conducir y emocionar a un estadio con sólo su voz y una guitarra o estremecer el suelo con una banda de cinco músicos de gran calidad” pero el día que no lo engulle la Orquesta Sinfónica de Murcia, le pasa por encima un ciclón que deja al público noqueado y sin memoria.

Todo jugaba en contra de Rosalía aquella tarde. Sol y calor de julio en el exterior. Un escenario inmensamente desnudo para una puesta en escena tan minimalista. Apenas dos sillas de enea y un amplificador minúsculo. Un público en parte prestado, que había acudido a escuchar los clásicos de Violeta Parra, aunque empezaba a correr el fenómeno de boca en boca.

Aquella tarde del 17 de julio de 2017 el Batel anduvo con el revuelo propio de un mosaico de públicos en el que cada cual tiene sus preferencias y sus desagrados. Aunque en el horizonte parecía verse venir una gran ola, todavía no éramos capaces de vislumbrar el tamaño del tsunami. ‘Los Ángeles’ ya había empezado a circular de boca en boca y, a pesar de que algunos ya acudieron sabiendo dónde iban, los más esperaban ‘Volver a los 17’ aquella tarde.

Rosalía apareció en la oscuridad del escenario con un mono blanco y se clavó en la silla de enea. Ni un hola dijo. Venía a matar, no a hacer amigos. Cantes antiguos que sonaron aquella tarde como si estuvieran recién escritos. El traje de comunión de ‘La Hija de Juan Simón’ fue tiñéndose de sangre y la muerte cantada se asomó al escenario a ver quien la invocaba. Los allí presentes, silenciosos como sepulcros vacíos, todavía andamos con el escalofrío en los huesos. Ni un murmullo, ni una tos, ni una palabra. ‘Nos quedamos solitos’ como reza la desgarradora malagueña del Mellizo.

Cuando Rosalía se marchó del escenario, sin apenas decir dos palabras, por fin pudimos respirar. Como no teníamos por allí a Jam Albarracín para que le pusiera palabras a nuestro sentimiento, tuvimos que recordar la voz de Violeta Parra en la garganta de Tita Parra para que nos lo explicara: “Volver a ser de repente / Tan frágil como un segundo / Volver a sentir profundo / Como un niño frente a Dios / Eso es lo que siento yo / En este instante fecundo”.

Hay crónicas que sólo pueden escribirse dos años después, sabiendo que la mala memoria rondará las palabras. Días en los que sólo mucho tiempo después empezamos a comprender el sentido del programa que nos había preparado el genial Paco Martín para aquella tarde. Jaque mate maestro. Como siempre.

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